María del Mar Pageo, presidenta de Cruz Roja Española: “160 años de historia”

Cruz Roja Española acaba de cumplir 160 años. Ha sido un recorrido largo desde nuestro nacimiento. Surgidos al amparo de asistir a los heridos en el campo de batalla, nuestra organización fue acompañando a la sociedad en su evolución, ampliando el foco de la intervención a muchas otras áreas donde, distintas necesidades sociales, eran fuente de sufrimiento.

Entre lo que estos 160 años de historia nos enseñan, está el hecho de que nuestra actuación se ha modelado ligada a los desafíos humanitarios de cada momento, tratando de complementar las respuestas que se daban desde diferentes esferas y buscando los espacios en los que podíamos tener una utilidad social. Esta pauta nos permite anticipar la proyección futura de nuestra organización.

Son diversos los desafíos humanitarios que identificamos para los próximos años, pero si tuviéramos que hacer una agrupación, mencionaríamos las crisis relacionadas con el clima y el medio ambiente; los desastres; los desfases en materia de salud y bienestar; la migración e identidad; los valores, el poder y la inclusión. La acción de Cruz Roja se proyecta vinculada a las necesidades ligadas a ellos.

A las crisis relacionadas con el clima y el medio ambiente las consideramos una clara amenaza para la misma supervivencia de la humanidad, dado que afectan a todos los aspectos de nuestras vidas: desde nuestra salud física y mental, hasta nuestra seguridad alimentaria, hídrica y económica. Así se refleja en la Carta del clima para organizaciones humanitarias[1], iniciativa impulsada desde el Movimiento internacional de la Cruz Roja y Media Luna Roja2 del que formamos parte, cuyo fin es movilizarnos y movilizar a otros agentes humanitarios en nuestro compromiso respecto a la acción climática.

Las consecuencias de esta crisis no sólo se expresan en el ascenso de las temperaturas, la subida del nivel del mar o el aumento de eventos meteorológicos extremos, sino que se también lo hacen en nuestro contexto más inmediato y cotidiano. Por ejemplo, las temperaturas extremas obligan a la población a contar con sistemas de calefacción y refrigeración y esto, a su vez, se vincula a un aumento de los costes asociados a la energía y, en consecuencia, a la dificultad de acceso a la misma por parte de la población más vulnerable.

Frente a ello, la respuesta de Cruz Roja tiene dos dimensiones: una interna y otra externa. La primera es relativa a lo que podemos hacer para no contribuir al agravamiento del problema. La segunda se refiere a aquellas acciones que ayuden a reducir el impacto de la situación actual sobre las personas.

En el lado interno, nuestra ambición es ser una organización neutra en carbono en 2050 y, con ese empeño, realizamos la verificación anual de nuestra huella y su registro ante la Oficina Española de Cambio Climático, además de adoptar diferentes medidas orientadas a su reducción y compensación.

En cuanto a las acciones externas, nuestro programa de lucha contra la pobreza energética apoya a las familias a afrontar el pago de suministros, pero, además, busca mejorar su capacidad de adaptación en el largo plazo, por lo que incluye la realización de mejoras rehabilitadoras del hogar, acompañamiento para la solicitud de ayudas sociales o talleres formativos que contribuyan al ahorro energético. También realizamos acciones dirigidas a la mejora del entorno ambiental mediante proyectos orientados a su protección y conservación.

Otra de las consecuencias de esta crisis es el incremento de desastres de origen climatológico, cuya frecuencia muestra una tendencia ascendente y amenaza con colocarnos a todos y todas, en uno u otro momento, en una situación de vulnerabilidad y riesgo. Claramente, no todas las personas tienen la misma capacidad de afrontamiento ni de recuperación, pero hay desafíos que lo son o lo van a ser para todas en alguna medida.

Esto nos lleva a que Cruz Roja apueste decididamente por trabajar la preparación comunitaria ante desastres dado que, en muchas ocasiones, las crisis tienen lugar cuando las personas y las sociedades no cuentan con los recursos adecuados ni están organizadas para poder responder de manera apropiada. Por supuesto que, cuando ocurra una emergencia, seguiremos apoyando a los poderes públicos en dar respuesta, pero el trabajo en incrementar la capacidad de las comunidades para prevenir desastres, prepararse ante ellos y afrontarlos es una línea de trabajo con proyección de futuro.

También lo son otras relacionadas con el bienestar y la salud. Así, por ejemplo, procesos como el envejecimiento de la población, necesidades sanitarias, incluida la salud mental, o el aumento de las tasas de personas afectadas por el sentimiento de soledad es, entre otros, espacios claros de trabajo presente y futuro de nuestra organización.

Se trata de retos que demandan una respuesta de carácter social; que entienden el cuidado mutuo como un valor a reivindicar. Estamos configurando una sociedad donde el autocuidado es casi una exigencia y, en contraste, el cuidado ajeno no cotiza socialmente repercutiendo negativamente en aquellos que necesitan cuidados (lo que consideramos un derecho), y en aquellos que cuidan, que a menudo carecen de apoyo y consideración.

Los cuidados no sólo son imprescindibles para mantener las capacidades de las personas tanto tiempo como sea posible. Son también fundamentales para mantener los lazos de conexión humana.  Iniciativas de Cruz Roja como el Proyecto “Enrédate” para reforzar la red social de las personas mayores o el servicio multicanal TE ACOMPAÑA son respuestas cercanas y abiertas para las personas que puedan necesitar ayuda y lograr con ello comunidades más conectadas, inclusivas y resilientes.

La proyección de Cruz Roja nos lleva también al lado de quienes acaban de llegar a nuestro país y tienen necesidad de asistencia. Las migraciones son otro de los desafíos humanitarios que, el conjunto de Cruces Rojas y Medias Lunas Rojas (191 en total), hemos identificado para los próximos años, pues se trata de un fenómeno global; es uno de los rasgos distintivos del siglo XXI y, circunstancias como los conflictos, la pobreza o la falta de oportunidades, anticipan que así seguirá siendo.

En muchas ocasiones, los desplazamientos de población se realizan en condiciones que exponen a las personas a múltiples peligros físicos (trata, abuso, violencia), que implican un riesgo para sus vidas por la precariedad de las condiciones de viaje y en los que no resulta inusual que se vean privadas de los servicios          más básicos.

Nuestros principios fundamentales, siete en total, están encabezados por el de Humanidad y el de Imparcialidad3. Apelan a prevenir y aliviar el sufrimiento humano y a hacerlo atendiendo a las necesidades, con independencia de otras consideraciones como nacionalidad, origen étnico, identidad, creencias religiosas, clase u opiniones políticas.

Por ello, si bien el fenómeno de la migración se ve a menudo sujeto a un debate que sirve de plataforma para todo tipo de posicionamientos, incluidos los de corte xenófobo que socavan la cohesión social y promueven la exclusión, para nosotros, atender cualquier situación de necesidad, incluida la que padecen las personas migrantes, es un imperativo humanitario.

Por último, analizar la proyección de Cruz Roja en los próximos años nos sitúa en el ámbito de los valores, del poder y de la inclusión. Es verdad que todo lo que acabamos de referir refleja desafíos que tenemos por delante. Es innegable que muchos de los beneficios de los avances de nuestro tiempo, tecnológicos, económicos, en materia de derechos, etc. no están siempre redistribuidos de manera equitativa; que la desinformación está logrando tanta capacidad de definir la realidad (y con ella nuestras emociones y acciones) como los hechos.

Sin embargo, no es menos cierto que también existen innumerables iniciativas que persiguen la mejora de nuestras sociedades. El voluntariado que sustenta y moviliza a Cruz Roja es un claro ejemplo de ello, pero no estamos solos. Muchas otras organizaciones trabajan incansables por mejorar la vida de las personas a las que atienden, a veces sin apenas apoyo. Multitud de empresas aportan su talento y esfuerzo, compartiendo con el ámbito social sus avances y conocimiento. Hay iniciativas, públicas y privadas, que refuerzan las capacidades de quienes están en situación de vulnerabilidad para afrontar la adversidad. Hay millones de personas ayudando a otras personas todos los días.

Todo eso forma también parte de nuestra realidad, y llevar a cabo acciones que lo visibilice, lo aliente, y eduque en los valores que lo mueven, resulta y seguirá resultando imprescindible. El futuro será lo que entre todos hagamos que sea.

  1. Carta sobre el clima y el medio ambiente para organizaciones humanitarias
  2. Acerca del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
  3. Los 7 principios fundamentales son: Humanidad, Imparcialidad, Neutralidad, Independencia, Carácter voluntario, Unidad y Universalidad.
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